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18/05/2020

Hidrógeno verde para un futuro neutro en carbono


Hoy en toda Europa estamos reconociendo la urgencia de la transición energética, una transición energética que ya está en marcha, que es imparable, y que tiene dos retos fundamentales: el cambio climático y la calidad del aire, y donde el gas natural, lleva años jugando un papel importante.

La actual eurocomisaria de Energía Kadri Simson, en octubre 2019, todavía siendo candidata, afirmaba que "el gas va a desempeñar un papel clave en la transición hacia la neutralidad climática", acompañando a las energías renovables.   Hablaba del gas como matriz energética de futuro, dado que solamente contando con el gas seremos capaces de descarbonizar Europa.  Hoy es el gas natural que, a partir del 2030, paulatinamente se irá sustituyendo por gases renovables: biometano e hidrógeno.

La gran ventaja de estos dos gases es que pueden inyectarse y transportarse por la red de gas, mezclado con el gas natural, por lo tanto su uso puede ser muy extendido sin necesidad de invertir en nuevas infraestructuras

El biometano que se obtiene a partir de residuos tiene la ventaja adicional que fomenta una verdadera economía circular, porque está dando valor a estos residuos y recupera un gas que de otra forma podría llegar a incrementar las emisiones del planeta.

El hidrógeno verde, por su parte, se obtiene por electrólisis del agua a partir de energía eléctrica renovable.  Es lo que se conoce como power-to-gas; proceso que no emite CO2 y es capaz de transformar el agua en hidrógeno y oxígeno utilizando electricidad procedente de fuentes 100% libres de carbono.

A nivel mundial, el uso del hidrógeno está experimentando un impulso sin precedentes que podría establecer las bases para hacer realidad su enorme potencial como energía limpia.

El estudio The future of hydrogen recientemente publicado por la Agencia Internacional de la Energía postula al hidrógeno como una de las formas más eficientes de almacenar los excedentes de electricidad renovable en las infraestructuras gasistas.  Para su desarrollo es necesario entre otros elementos, financiar el I+D+i para abaratar costes, apoyar las inversiones y colaborar a nivel internacional para compartir los progresos alcanzados.

En España, el amplio recurso disponible hace que se convierta en una región con grandes posibilidades para la producción de hidrógeno verde a bajo coste, teniendo una de las mejores condiciones de la Unión Europea, lo que nos podría colocar como líderes de esta tecnología.

Sin embargo, Europa nos lleva la delantera. Francia, con una hoja de ruta para el hidrógeno ya elaborada, quiere tener un 10% de este gas inyectado en red para el 2023; en el 2050, todo su gas será renovable.  Otros países como Alemania también han definido ya su hoja de ruta en este sentido.

En España necesitamos políticas claras y coordinadas que tengan en cuenta tanto el factor de la lucha contra el cambio climático, como la autosuficiencia energética, la competitividad industrial, la gestión de los residuos, pero también el desarrollo rural.

El gas renovable necesita apoyos para crear un ecosistema que permita invertir y desarrollarlo.  El PNIEC dedica una medida a identificar aquellos planes que son necesarios desarrollar para que el biometano y el hidrógeno sean una realidad. Es solo el principio. Se requieren compromisos claros y planes detallados.

La combinación de gas con la electricidad renovable, va a ser lo que realmente nos permita tener un mix energético neutro en carbono en 2050; el hidrógeno verde va a reducir nuestra dependencia energética y disponer de un almacenamiento de energía eléctrica sobrante.  

En España, con la elevada penetración con la que nos hemos comprometido a tener energía eléctrica renovable, podemos liderar el campo del hidrógeno.